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La nueva norma UNE obliga a etiquetar el grado de seguridad en todas las cerraduras vendidas

A partir de octubre, los fabricantes deberán indicar de forma visible la clase de resistencia de cada cerradura según la norma UNE-EN 1303.

El sector de la cerrajería afronta uno de los cambios normativos más relevantes de la última década. La nueva norma UNE de etiquetado, aprobada esta primavera, obligará a partir de octubre de 2026 a que todos los fabricantes indiquen de forma clara y visible el grado de seguridad de cada cerradura que pongan a la venta en España. El objetivo declarado es acabar con la opacidad que durante años ha dificultado al comprador medio distinguir un producto resistente de uno meramente decorativo.

Qué exige exactamente la nueva norma

La obligación se articula sobre la base de la norma UNE-EN 1303, que clasifica los cilindros de cerradura mediante un código de varios dígitos. Cada cifra describe una prestación concreta: durabilidad, resistencia al fuego, seguridad frente al ataque y resistencia al taladrado y al ganzuado. A partir de octubre, la etiqueta deberá mostrar de manera legible este código de clasificación, de modo que el consumidor pueda interpretar de un vistazo qué nivel de protección está adquiriendo. Para los conjuntos de puerta completos, la regulación remite además a la norma EN 1627, que establece las clases de resistencia RC1 a RC6 frente a intentos de intrusión.

La diferencia entre ambas referencias es importante. Mientras la EN 1303 se centra en el cilindro como componente, la EN 1627 evalúa el comportamiento del conjunto completo —hoja, marco, herrajes y cerradura— sometido a ensayos de ataque manual con herramientas. La etiqueta unificada pretende que ambos datos convivan, evitando que un cilindro de alta gama quede deslucido por una carpintería débil o viceversa.

Qué significa cada grado en términos sencillos

Para que la información resulte útil, la norma exige acompañar el código técnico de una explicación comprensible. En la práctica, las clases más bajas de la EN 1627 —RC1 y RC2— ofrecen una protección básica frente al uso de fuerza física y herramientas simples como destornilladores o alicates, adecuada para puertas interiores o de bajo riesgo. Las clases intermedias, RC3 y RC4, resisten ataques con palanca, taladro o herramientas eléctricas durante varios minutos, el estándar recomendable para una vivienda. Las superiores, RC5 y RC6, están pensadas para entornos de alta exposición, comercios con valores o instalaciones sensibles, y soportan ataques prolongados con herramientas de gran potencia.

La voz del organismo normalizador

"Durante años, el comprador ha tenido que fiarse de la palabra del vendedor o del aspecto de la cerradura, sin un criterio objetivo que comparar. Con el etiquetado obligatorio, el grado de seguridad deja de ser un argumento comercial difuso para convertirse en un dato verificable", explicó Elena Vázquez, responsable de normalización de productos de seguridad en AENOR. "No estamos prohibiendo ningún producto: estamos garantizando que el ciudadano sepa qué compra. La transparencia es, en sí misma, una herramienta de seguridad".

Un beneficio directo para el consumidor

El principal valor de la medida es la transparencia. Hasta ahora, dos cerraduras de precio similar podían ofrecer niveles de protección radicalmente distintos sin que nada en el envase lo advirtiera. Con la etiqueta normalizada, el comprador podrá comparar productos en igualdad de condiciones, igual que ya hace con la etiqueta energética de los electrodomésticos. Las asociaciones de consumidores han recibido la novedad con satisfacción, al considerar que reduce el riesgo de adquirir un producto inadecuado por desconocimiento.

Respaldo del gremio de cerrajeros

El gremio profesional ha mostrado un apoyo decidido a la nueva norma. Los cerrajeros llevaban tiempo reclamando un marco que premiase la calidad real frente al precio como único criterio, ya que son ellos quienes a menudo deben explicar al cliente por qué una cerradura económica no protege adecuadamente su vivienda. La patronal subraya que el etiquetado profesionaliza la venta y dignifica el asesoramiento técnico, situando al instalador acreditado como figura de referencia para interpretar las clases de resistencia.

La industria, por delante de la obligación

Buena parte de los grandes fabricantes ya se ha anticipado al calendario. Marcas como ASSA ABLOY, Yale, Mul-T-Lock y EVVA incorporan desde hace meses el etiquetado de grado de seguridad en sus gamas, conscientes de que la transparencia juega a favor de sus productos certificados. Desde el sector se espera que la entrada en vigor en octubre acelere la retirada progresiva del mercado de los modelos de gama baja que no superan los ensayos mínimos, en un proceso que beneficiará tanto al consumidor como a la reputación de toda la industria.

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